El blog de Peponcito

¿ Y si corremos un poquito ?

Hace algún tiempo cenando con un buen amigo la conversación giró, en un momento dado, hacia el tiempo que llevaba yo sin fumar. Por entonces algo más de cuatro años. Me sorprendió un comentario. Y debió verse en mi semblante de incredulidad del momento. Me dijo con una seguridad que no dejaba lugar a dudas. “Dentro de poco harás algo de deporte”.

 No podía ser. ¿ Yo ? Si no me había interesado ni el deporte más extendido en nuestra amplia geografía, el ”tumbing”. Que podríamos definir como “pasión por el deporte televisado ejercitando levantamiento de vidrio”. El más extendido por ser, hay que reconocerlo, el menos agotador. Tal era el grado de desinterés por cualquier actividad propia o ajena dirigida a mejorar el estado físico o superación personal en ese ámbito.

 Pero como siempre en esta vida, nunca diga de este agua no beberé. Me empezó a preocupar el estado “barrigón” que me permitía disponer de mesita de noche propia al dormir de pie. Y por otro lado los esfuerzos físicos me dejaban en una situación algo patética, bueno ¿ A quién quiero engañar ?, daba pena verme !. Y esto viene a que salí con unos amigos a un “paseo” en montaña y casi me da un síncope. No sé si me apunté a la salida porque ya sentía la necesidad o la necesidad surgió porque me apunté.

Sea como fuere se disparo en mi una necesidad imperiosa e incipiente de hacer ejercicio. Inicialmente de correr. Eso, o interprete mal el deseo de salir corriendo. Así que un buen día de principios de verano me acerqué al Decathlon, con mi mesita de noche y todo, eh ! Y me compré. Ojo! Un equipamiento barato de running, vamos el footing de toda la vida, que para lo que iba a durar corriendo.

Contra todo pronóstico !

Empecé a correr un poquito. Los primeros días fueron un suplicio. Mi cuerpo no entendía nada, y yo estaba como para explicárselo. Algo de bicicleta estática, estiramientos. Además de informarse en Internet no vaya a romperme muy deprisa. Me hice con un pulsímetro y poco a poco llegue a apuntarme en un gimnasio. El no va más ! Descubrí que tras el ejercicio podía cantar “Subidón, subidón”.

 El trabajo no me deja ir cada día, pero intento pasarme por allí aunque sea a última hora un rato algún laborable y si es posible los fines de semana por la mañana. No quiero perder lo avanzado, ya perdí unos kilos, he ganado resistencia puedo correr 20 minutos a un ritmo regular, al principio cien metros era un odisea, doscientos un intento de suicidio declarado. Pero ahora acabado de correr puedo seguir y hacer un cuarto de hora de bicicleta y algunas series, o nadar una hora. No por ello acabo exhausto. No soy un deportista, ni lo seré, no competiré pero me alegra que los “paseos” de montaña a principios de otoño ya no fueran lo mismo, no sé si me alegra más haber ganado fondo o dignidad.

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